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domingo, 8 de abril de 2018

Carta de un ladrón

Escribo esta carta al periódico para pedir perdón por haber robado. Ayer las cámaras de un famoso programa de televisión me descubrieron recogiendo del suelo un billete de 50 euros que no me pertenecía. El prestigioso programa simplemente quería bromear con todo aquel que pasara por al lado del cebo, que previamente habían colocado en una conocida plaza del centro de la ciudad, y ver cuál sería su reacción. La idea era poner a prueba la bondad de los transeúntes que por allí pasaban. Todos, menos uno, yo, devolvieron el dinero. No juzgo lo divertido y lo curioso que pueda ser dicho experimento social pero sí la invectiva posterior. Memes, burlas, incluso amenazas a través de Internet. Ninguno me conocía pero todos disfrutaban con el acoso. Lo siento, sí, los robe. Los devolveré si alguien del programa me los reclama, dudo mucho que les interese pero lo haría. Dispuesto estoy, aunque, de qué vale si mi dignidad ha sido profanada. Soy un vulgar caco cuyo delito es recoger dinero del suelo. Lo siento. Y, aunque sea una expresión carente de sentimiento y ya algo desgastada, insisto: lo siento de verdad. Me equivoqué, estuvo mal. Ver desde la distancia ese botín, acercarse sigilosamente, agacharte, apresarlo y meterlo cuidadosamente en el bolsillo estuvo mal. Pido perdón. Lo primero que pensé cuando lo cogí es que podría haberse volado de alguna de las mesas o de alguna de las cuentas que, algún camarero, cansado por el trabajo, no mantendría vigiladas. Cuando eché a andar, pensé en volver pero al igual que el rey Midas, avaro, me lo quedé. Jamás me habían venido tan bien 50 euros porque si quería pagar el segundo año del curso de idiomas, tenía que buscar la forma de hacerlo, aunque fuera robando.  Y los 300 euros que me cuesta, por mucho que te ayuden con el pago fraccionado, cuesta mucho ganarlos. El sueldo mínimo en este país, 600 euros, aunque digan más porque eso es que siempre redondean al alza, es  más que suficiente para pagar cursos o congresos que te ayuden a ampliar el currículo. Bueno, eso sí, casi se me olvida, bastante bien que se lo montaron para investigar mi cuenta y vociferar a los cuatro vientos que cómo me atrevía a hurtar por las calles si tenía ahorrados en el banco unos 4000 euros. Sí, es verdad, pero el fin de ese peculio no es otro que tener un colchón para poder emigrar, expatriarme. Es tan grave lo que he hecho y no lo pregunto, que podría (¿es tan grave lo que he hecho?), porque no tiene sentido y, sobre todo, porque la respuesta es clara: lo es y mucho. Una persona que abusa de las demás cogiendo una escandalosa cifra de 50 euros del suelo cuando podrían ser de alguien que realmente los necesitara más. En fin, espero pagar por ello, en esta vida o en otra, pero espero pagar bien porque ha sido un acto despiadado. No obstante, también es cierto que otras veces me pregunto si mi profesión hubiera sido otra y la cantidad robada aún más mayor... no sé, quizás debería haber montado un partido político.
Firmado: un ladrón de pacotilla, pero un ladrón al fin y al cabo.