A la hora de describir una nueva realidad, un nuevo mundo, siempre hacemos uso de la realidad que ya conocemos. Esto es un acto natural, probado numerosas veces pero sobre todo en la época de la colonización o el "descubrimiento del Nuevo Mundo". Los navegantes en sus descripciones de las gentes, las tradiciones, las casas y, en definitiva, de la nueva realidad que estaban contemplando solo podían partir de un esquema ya establecido. Esto es, la realidad que conocían, con la que se habían criado desde pequeños (por eso lo de llamarlos salvajes por los ritos que estos practicaban, sin pararse a pensar en que no es que fueran salvajes, sino que simplemente eran "otra cosa").
Pues bien, parece que los seres humanos todavía no hemos conseguido despegarnos de esa capacidad de describir otras realidades con ideas preconcebidas de nuestras propias vivencias. Por ejemplo, cuando una persona heterosexual le pregunta a una pareja homosexual qué rol tiene cada una en la cama, es decir, quién es el que penetra y quién es el penetrado. A parte de lo soez y vulgar que puede sonar la pregunta en un contexto de escasa confianza, habría que añadirle lo triste que es que en el siglo XXI sigamos reduciendo el sexo a la simple y tradicional penetración. Sin penetración no hay sexo. Y yo me pregunto, si sin penetración no hay sexo, ¿las personas con parálisis total o parcial de sus extremidades tampoco tienen derecho a tener sexo? Si la finalidad del sexo, cuando la intención no es la procreación, es alcanzar el orgasmo, ¿es obligatoriamente necesario que haya penetración? Seguimos teniendo prejuicios e ideas previas de una realidad completamente distinta a la nuestra, es decir, seguimos viendo el mundo como esos navegantes de la carabela de Colón que no encontraban otras palabras más las que ya se habían aprendido.


