Translate

viernes, 9 de enero de 2015

Todo sea por los niños

Conmovido por la noticia del joven de veinte años que falleció en la cabalgata de Níjar y por las denuncias de algunos pasajeros de un barco donde se transportaban camellos hacinados, me pregunto cuánto más debemos hacer por la felicidad de los niños. La primera noticia, una desgracia que ya se había repetido años antes en la misma localidad, se debe desafortunadamente tanto al descuido de unos como a la fatalidad; la segunda, a querer comercializar a toda costa y bajo escasos costes de transporte. ¿Pero hacía falta tanto para hacer feliz a un niño? No recuerdo que mis padres necesitasen de camellos para creerse quiénes eran los Reyes Magos que venían de Oriente, ni siquiera Baltasar era de raza negra puesto que en la mayoría de pueblos se le embadurnaba con betún. ¿Por qué tanto entonces?
Año tras año, las casas se van llenando de juguetes hasta que los niños piden parar de abrir regalos para poder ponerse a jugar, que es lo que realmente quieren. Recuerdo unos vecinos que el mismo día de Reyes se pelaban por un palo con una cuerda que servía ficticiamente como una caña de pescar. Aquel niño con su quijotesca mente, porque eso son los niños, había visto en aquel palo un juguete. Estos pequeños seres llenos de una grandísima imaginación se peleaban porque ya se habían cansado de los miles de juguetes que aguardaban en su casa y, claro está, siempre se quiere más y, más aún, si eso que queremos lo tiene otro. ¿Hay que darle todo excusándonos muchas veces en esa equívoca idea de "yo como cuando era joven no tenía"? Quizás el hecho de no tener hacía que se valorizase lo poco que teníamos. Ahora todos los niños quieren más y más y el problema llega cuando una madre divorciada, sin trabajo y con dos niñas no tiene para regalar tanto como antes porque lo principal ahora es que coman. O esas familias que han perdido su casa y deben seguir pagando deudas. Eso no importa, ya que sin regalos no hay navidad y que con poco no hacemos nada. Lo cierto es que lo poco, para algunos, nos sabe a mucho, pero, para muchos, lo mucho les da o les sabe a poco. Lo poco es igual a nada en esta sociedad. ¿Y quién define la nada, o sea, un "no me trajeron nada"? ¿Qué es nada? ¿Un palo con una cuerda? Aquel niño que descubrió una caña de pescar un día de Reyes Magos existe, lo conozco bien. Tan solo espero que haya muchos más como él porque no sé qué será del mundo sin ellos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por comentar. ¡Saludos!